Una Experiencia para la Unidad en la Iglesia

july1

En el mes de mayo participe por vez primera en la Conferencia Anual de la Asociación Nacional del Ministerio Laico. En el pasado había aprendido sobre los Estándares de Certificación para Ministros Eclesiales Laicos y la importancia de dichos estándares para la iglesia en los Estados Unidos, para así poder tener metas y objetivos claros para la preparación  de laicos en el ministerio diocesano y parroquial. Aunado a los documentos “Colaboradores en la Viña del Señor” y “Competencias Interculturales,” estos estándares han contribuido a desarrollar programas de formacion más uniformes y efectivos. Mi experiencia en esta conferencia me ha desafiado a entender mejor lo que estos estándares significan para mí, para mi ministerio y para mi comunidad.

El Papa Francisco ha repetido en múltiples ocasiones sobre la necesidad de tener Unidad en la iglesia, una Unidad fundada en nuestro discipulado personal y comunal con Jesús y sus enseñanzas. Mi reflexión sobre lo que escuche durante la conferencia de NALM me ha llevado a ponderar en la importancia que tiene la formacion para poder construir la Unidad en la iglesia a la que nos llama el Papa. Por ello ahora me pregunto, ¿Cómo puede una persona ser un discípulo de Jesús si no le conoce ni conoce las enseñanzas de su iglesia?, ¿Cómo puede uno transmitir la fe a nuestras familias, y como se puede enseñar la fe a otros como ministros de formación si estamos pobremente preparados?

Estas preguntas pueden parecer simples y repetitivas, pero nos llevan a pensar sobre las consecuencias críticas que estas tienen para la misión en comunión de la iglesia. Una fe y formación ministerial  fuertes promueven la Unidad a través del  discipulado de Jesús. Por otro lado, la falta de un discipulado fuerte de los bautizados nos lleva a las realidades que vivimos hoy en día, como son: rompimiento de la unidad matrimonial y familiar, el secularismo, el relativismo de las verdades y valores, la falta de Unidad en la iglesia y la decreciente participación de los sacramentos. Es por ello la responsabilidad vital de nuestros pastores de asegurar la disponibilidad de excelentes programas de formación en la iglesia a todos los niveles, disponibles para todos los grupos culturales, y que respondan a los estándares de excelencia en la formación básica y avanzada. Los laicos tenemos la co-responsabilidad en la misión de la iglesia y por ello la responsabilidad de participar en los programas de formación en la fe que se nos ofrecen así como el responder al llamado de prepararnos para servir mejor en los ministerios de la iglesia.

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