Un Caminar con Cristo hacia el Cuidado Personal

Roger-KeelerHe tenido el privilegio dos veces de pasar tiempo con las personas que están participando en el Programa de Formación para Ministros Eclesiales Laicos de Salt Lake City, Utah, y con su amable y capaz directora Susan Northway.  ¡Las dos visitas han sido singularmente ricas para mí como ministro y peregrino!

Fue un hermoso sábado de Marzo cuando nos reunimos en lo alto de las colinas que rodean la ciudad de Salt Lake City: el aire fresco con olor a pino, el panorama ilimitado; todos un poco agotados por las muchas demandas del semestre a medio terminar y atentos a las actividades cuaresmales que acababan de comenzar.

El tema del día fue “Un Caminar con Cristo hacia el Cuidado Personal,” parte del día  fue retiro, otra fue una continuación del mismo Programa de Formación.  Nuestro guía fue el Papa Francisco.  Nuestro texto fue su singular y enriquecedora carta a la Iglesia titulada Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio).

El Santo Padre escribe:

“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él …” (3)

Al mirar hacia adentro de nosotros mismo, esa mañana de marzo, explorando nuestros cansancios, identificando sus raíces, y explorando las siempre presentes deficiencias personales y eclesiales en nuestro ministerio viviendo en el mundo de hoy, pudimos apreciar con nueva claridad como …

“Al que arriesga, el Señor no lo defrauda … Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría.” (3)

Entonces pudimos apreciar la importancia de “descansar en Dios,” de pasar tiempo en oración, de reflexionar en la palabra, de leer y estudiar.  Pudimos reconocer de una manera nueva la naturaleza dadora y restauradora de vida al congregarnos como comunidad.  Llegamos a un profundo entendimiento de la centralidad de la Eucaristía en nuestras vidas.

Pudimos ver que “no podemos dar lo que no tenemos.”  Estas cosas deben siempre preceder nuestro “hacer.”

Y, pudimos llegar a ese momento, donde celebramos con el Papa Francisco cuando escribe:

“Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar.” (273)

A cada uno de nosotros Cristo nos presenta como luz en un mundo de sombras, como una mano que bendice y construye; como restauradores de vida en tiempos de mucha familiaridad con la muerte; como presencia vivificante, llena de alegría, rebosante de esperanza para los que sufren; como personas que noblemente sanan a los heridos y maltratados y como liberadores de aquellos que viven en cárceles de desolación, soledad, injusticia y temor.

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