Taller para “Entender y Analizar el Racismo Sistémico”

Reflexión

por Alejandro Siller-Gonzalez, MAS

Desafortunadamente el racismo en nuestro país está presente y activo. A lo mejor  no como una intención de la gente de querer ser racistas, sino más bien un racismo incrustado dentro de los sistemas y estructuras  que gobiernan y guían nuestra sociedad, política, economía, educación, y el proceso judicial. Algunos también identificarían el racismo dentro de las estructuras y sistemas de nuestras distintas iglesias o comunidades de fe.

 

Aquellos de nosotros que tal vez inadvertidamente nos beneficiamos de estos sistemas dentro del constructo de “privilegio blanco,” aun sin la intención  de lastimar a nadie a propósito, promovemos y mantenemos ese privilegio. Defendemos  los sistemas que dan continuidad a  esos privilegios nacidos del hecho de encontrarnos clasificados como blancos  desde nuestro nacimiento y percibidos como pertenecientes al  grupo étnico cultural de raza blanca. Este  concepto de privilegio de raza blanca fue intencionalmente desarrollado en Europa hace más de cuatrocientos años como un constructo social para asegurar una superioridad  social y de poder. Este privilegio o superioridad  caían dentro del grupo auto-identificado como de raza blanca o Caucásica.  Este constructo de privilegio racial llego a Norte América con los primeros grupos peregrinos blancos y fue impuesto a los indígenas y eventualmente a esclavos traídos del África, y ha sido perpetuado desde la fundación de este país hasta la fecha. Algunas enmiendas se han hecho a la Constitución  desde entonces, y se han creado nuevas leyes intentando corregir los efectos de este privilegio o reafirmar estos privilegios. Durante el transcurso del tiempo el racismo se ha socializado a tal  grado que los que son afectados negativamente por el mismo lo han estado aceptando como una realidad social, y también los centros de poder y decisión han continuado siendo controlados por este constructo racial de “privilegio blanco”.

 

El pasado mes de diciembre tuve el privilegio y oportunidad  de ser invitado por la Comunidad de las Hermanas de la Misericordia para participar en un taller en Belmont, NC, titulado: “Entender y Analizar el Racismo Sistémico”.  Me enteré de que la comunidad de las hermanas habían decidido que, para desmantelar el racismo sistémico en la sociedad, necesitaban comenzar por transformarse ellas mismas así como hacer cambios necesarios en su propia comunidad. Durante el proceso del taller, yo sentí la lucha y determinación de las hermanas participantes para realizar esa transformación  para lograr un efecto  de justicia social sin racismo. Su decisión verdaderamente toma coraje, reconciliación personal y comunal, humildad y mucha oración para poder soltar esos privilegios institucionales.

El taller fue facilitado por “Crossroads Antiracism Organizing and Training. Dismantling Racism, Building Racial Justice in Institutions. ” Algunos de los participantes pensábamos  que el racismo solo es el tener prejuicios e intolerancia racial. Si tan solo respeto la ley y trato de no ser prejuicioso, estaré bien con Dios, conmigo mismo y mi país. Esto está muy bien  y debemos trabajar para evitar los prejuicios y la intolerancia. Pero  hay que atender también el  privilegio histórico racial injusto de los blancos en la sociedad, para lo que se requiere trabajar todos juntos, afectados y causantes. La desigualdad y limitaciones de derechos de personas de color causados por el solo hecho de no estar incluidos dentro del constructo de  privilegios “racial blanco” ya no son tolerable para nadie y pone en grave riesgo la unidad nacional.  La desigualdad estructural de derechos y  oportunidades para poder vivir con dignidad le niega a la gente de “color” el vivir una vida con dignidad. Nuestra fe nos invita y nuestro Papa Francisco nos recuerda sobre los privilegios injustos en detrimento de la igualdad y bienestar de otros. Somos llamados a amarnos como hijos de un mismo Padre Dios y por lo tanto necesitamos el cuidar a nuestros hermanos y hermanas, no solo con actos de misericordia pero también con actos de justicia.

El taller nos desafió a descubrir las raíces del Racismo para estar conscientes del porqué de esta desigualdad estructural y sistémica para entonces así poder actuar para desmantelar esta injusticia social que es el racismo. Si hacemos una pequeña visita a la historia del país, encontraremos algunas pistas sobre los orígenes de la desigualdad racial.

Por ejemplo, la historia del país nos muestra cómo se desarrolló la esclavitud desde el comienzo y como sus efectos persisten aun después del Movimiento de los Derechos Civiles.  Han pasado más de cuatrocientos años y las consecuencias todavía están afectando a ciudadanos Negros e Indios nativos, así como a otras personas percibidas como de “no-blancas” como son los inmigrantes de Asia, Latino América y África.

Junto con las valiente Comunidad de las Hermanas de la Misericordia, invito a nuestros lectores a orar y discernir lo que tenemos que hacer y cambiar para desmantelar el racismo en nuestras personas, nuestras familias y en la sociedad en general. El cambio tomará varias generaciones, pero hay que empezar ya.  Esta es una acción correcta.

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